La mejora de la calidad estimula la oferta de la formación no presencial

A lo largo de los años ha ido evolucionando el diseño de las plataformas de teleformación, en un proceso en el que se han ido incorporando nuevas herramientas que permiten mejorar la comunicación entre los participantes, contribuyendo así a alcanzar ciertas características deseables de este tipo de procesos de aprendizaje, fundamentalmente la interactividad y el trabajo colaborativo.

El director de Tecnología Educativa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Magí Almirall, afirma que “la formación en Internet está demostrando que es capaz de romper barreras que la formación presencial no ha conseguido evolucionar, como el contacto personal profesor- alumno, la formación inversiva, la simulación, etc.”

Sin embargo, esta visión tan clara de las ventajas que la teleformación puede introducir en el proceso de enseñanza-aprendizaje ha estado distorsionada durante algún tiempo dado que ésta no estaba vinculada a la calidad pedagógica sino únicamente con la introducción de nuevas tecnologías. De hecho, el e- learning estuvo durante años identificado con el uso de las TIC y el empleo de herramientas tecnológicas frente a otras modalidades de formación no presencial. De esta manera, muchos desarrolladores de contenidos formativos para estas modalidades de formación, centraron sus esfuerzos en crear contenidos con abundantes posibilidades tecnológicas, lo que ocasionó en cierta manera dejar en un segundo plano el correcto diseño pedagógico de los materiales.

Como consecuencia, el mercado formativo acusó la baja calidad pedagógica de los contenidos, lo que ocasionó una retención de la demanda. Así un estudio de la FTFE (Fundación Tripartita de Formación para el Empleo) reflejó que en 2002 únicamente la tercera parte de los trabajadores que realizaron formación con apoyo de las TIC volvieron a realizar un curso de la misma modalidad.

Hay que tener en cuenta que la mera utilización de herramientas TIC no es sinónimo de calidad en la enseñanza. La tecnología constituye un medio que correctamente utilizado conduce a la consecución de los fines previstos. Pero la mera utilización de herramientas tecnológicas no implica un proceso formativo de calidad.

En el mismo momento en que la baja calidad pedagógica hacía mella en el sector, surgió otro importante hándicap, esta vez de tipo tecnológico. Durante años, los contenidos educativos, que suponían inversiones de alto coste económico, se desarrollaban para una tecnología concreta, el desacierto surgía cuando se cambiaba de plataforma, ya que toda aquella inversión económica se perdía, quedando así estos contenidos educativos inutilizables.

Esta deficiencia tecnológica pudo paliarse, en buena medida, gracias al desarrollo de estándares tecnológicos de empaquetado de contenidos. El objetivo de estos era hacer posible la reutilización de los contenidos educativos elaborados y conseguir independencia entre los contenidos y sus herramientas de creación y visualización.

SCORM (Sharable Content Object Refence Model) llegó a alcanzar los retos planteados anteriormente para paliar esta deficiencia tecnológica. SCORM es un estándar “de facto”, es decir, no ha sido acreditado por organismos internacionales pero empresas, iniciativas y proyectos lo han adoptado.

En definitiva, la implantación de SCORM como estándar tecnológico y la mejora de la calidad pedagógica han conseguido solventar buena parte de los “males” achacables a los contenidos desarrollados con apoyo de las TIC. Hay que tener en cuenta que el avance de las nuevas tecnologías, y el uso de éstas con sentido pedagógico, están abriendo nuevas posibilidades de desarrollo de este tipo de contenidos.

En conjunto, todo ello ha estimulado el desarrollo de la oferta de contenidos educativos para modalidades de formación no presenciales.

 

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